Ayer por la tarde después de trabajar había quedado con mi amiga P para tomar un café. El café fue breve y me pidió que la acompañara a hacer unas compras. No me apetecía demasiado pero ella insistió y allá fuimos.
Mi día había sido intenso, problemas con un cliente, sarcasmos de ida y vuelta con mr. espabilamorenaquetedejoatrás, y monedero roto, cosa poco importante cuando no da problemas pero cabreante cuando se te cae todo por el bolso.
Total, al ir de compras con P pensé en comprarme un monedero nuevo.
Entramos en una tienda de bolsos pija, P quería un bolso, dónde un monedero de retorno a la infancia con ositos de colores vale la décima parte de un sueldo mileurista. Me llamó la atención el que en la tienda hubiera dos hombres solos. Deambulaban mirando las estanterías llenas de piel grabada a fuego por conocidas marcas y fantasías glamourosas de difícil combinación y uso.
Uno de ellos tenía pinta de esposo con experencia que no giraba las etiquetas a los bolsos para ver el precio, había ido decidido hacia la sección dónde estaba una marca determinada y parecía tener claro lo que quería. Unos cincuenta años, bien conservado, atractivo y que parecía buscar un regalo para su santa esposa.
El otro en cambio, parecía el soldadito marinero hechizado por una sirena de las que se pirran por las carteras llenas, cómo diría fito y los fitis. Solo le faltaba resoplar cada vez que leía los precios de los bolsos. Era más joven, vaqueros, polo, también era atractivo y más natural en su manera de actuar.
La dependienta atendía al más mayor.
. Puedo ayudarle?
. Sí, quiero este bolso, para regalo por favor.
Una música clásica le avisó de un llamada.
. Si?
. Sí nena, a las ocho dónde siempre.
. No puedo hablar, luego te llamo...
P y yo intercambiamos una mirada de las que dicen vaya, vaya... Probablemente el bolso no era para la santa esposa, si la hubiera o hubiese.
El hombre joven sin embargo, tardaba en decidirse, quería acertar en la elección o mostrar algo más que un alarde de despilfarro económico; mientras seguía mirando la dependienta nos atendió.
Cuando salimos de la tienda pensé en como pueden engañar los juicios a primera vista, también pensé en que realmente todas llevamos una cotilla dentro y en que probablemente ninguna de mis elocubraciones sería real.
Seguimos caminando y mirando tiendas llegamos hasta una plaza dónde habíamos pensado parar a tomar un refresco. Eran las ocho y el lugar de siempre de la nena y el cincuentón, era aquel. Ella, unos veinticinco años más joven que él miraba el bolso con los ojos muy abiertos, reía entrecortadamente, él la miraba con cierto aire de condescendencia y... le dije a P, anda, vámonos a otro bar.
"I am a passenger..."
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4 comentarios:
Desde que escribo un blog, ando más atenta a lo que pasa a mi alrededor, me encuentro observando a la gente a la cara e imaginándome su vida en los dos segundos que tardan en desaparecer de mi vista. Sus emociones, sus bajezas, sus ilusiones, sus decepciones... Obviamente, no daré ni una. Ni siquiera con muchas pistas que nos dieran llegaríamos nunca a comprender por todo lo que han pasado y qué motivos les llevan a actuar. Ni siquiera sabiendo datos ciertos me atrevo mucho a juzgar. Pero supongo que, a veces, hacen algo que te puede traer a la memoria determinado daño infligido por alguien en quien confiabas. Nos movemos por intuiciones, señales internas que nos dicen esto-sí, esto-no; a veces les hacemos caso y otras no.
Besotes.
Seguro que el chico del polo compró algo mucho más barato pero con mucho más cariño y mucha más atención.... como engañan las apariencias.
Besos
Los que no podemos permitirnos un bolso con nombre y apellido,ni una joya,ni una cena en el Bully tratamos insistentemente de regalar cada día: un día perfecto, de regalarnos a nosotros mismos por completo...
Espero que si algún día puedo dar todo lo que hoy no, no pierda las ganas de regalarme a mi mismo en cada frase y en cada beso, en cada flor y en cada verso.
Vaya...me ha quedado cursi de cojones.
Es buena la historia... sacada de alguna serie o película, aunque la realidad siempre supera a la ficción.
Espero no verme nunca así. Lo detestaría, me detestaría a mi mismo.
Un beso
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