domingo, 30 de septiembre de 2007

Saturday Night Fever

Sábado noche 22.30 p.m.

Bueh... En la tele nada que me guste, libros leídos, menos los que no soporto, qué hago? Me voy a dormir, sí, así estaré bien descansada para iniciar la semana con fuerza y llenarla de actividad. Caray, sábado noche y no tengo ningún plan, no me ha llamado nadie... Y si llamo yo? Total para qué? No me apetece salir. Dormir tampoco.

Móvil en la mano, agenda, esta no, esta tampoco, esta... no, tampoco. Y si llamo a un tio? Bah, hace siglos que no saben nada de tí, suena muy desesperado llamar un sábado por la noche a un tio con el que no hablas desde el jurásico.

Y si salgo sola? Y dónde voy? A una disco? No me gustan. A un bareto de los de charlar? No tengo con quién. A un sitio de música en vivo?...
A un sitio de música en vivo...
San googleeeee me recibesss? Música en vivo, mi ciudad... resultados de la búsqueda.

23.00 p.m.

Apuntando direcciones.

Ahora toca momento armario ( debería ir de compras, le diré a antidogmático que me acompañe que a él le gusta).

Creando el personaje, vestido, maquillaje, peinado, aroma... procesando... listo!

24.00 a.m.

Momento... dónde narices he dejado las llaves del coche?
No corras te vas a partir la crisma con esos tacones.
Se llevan tacones a los sitios de música en vivo?
Los tacones los llevas dónde te da la gana!
Sí, claro eso sí.

1.00 a.m

Chancemóvil en el párking.
No sé para qué me pongo tacones...
Entro en el garito. Hay sitios que mantienen su atmósfera a pesar del tiempo y las reformas, cómo las personas que pese a las manos de pinturas varias y reformas en general, seguimos siendo las mismas...
Local con poca gente aún, me siento en una mesa. Sigue estando oscuro.
Acompañado por su guitarra, un hombre canta una canción de ismael serrano.
No sé a qué vengo aquí, total para estar conmigo misma ya estaba en casa.
Entra una pareja.
Pido una copa.
Entra un grupo de gente, hombres y mujeres. Se sientan cerca de mí.

2.00 a.m.

Uno de los hombres de ese grupo que hay cerca me mira. Le he pillado ya un par de veces.
Parecerás una buscona, aquí sola, de noche.
Es que... en realidad... estás buscando Chance, estás buscando...

Acerca su silla y se sienta.
Esperas a alguien?
Posibles respuestas: no, sí a tí ( me gusta el tipo), si esperaba pero me han llamado que no pueden venir y ya que estaba aquí...
Me decido: no, estoy sola. ( dios mío, cuánto he contado sobre mí y en qué poco tiempo, para que luego diga mr. elperfectoanalizadordemercados que sintetiza mejor que yo).

Una media sonrisa e inicia una conversación sobre el local y la música.

Lo demás lo cuento luego que me está quedando un artículo largo...

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Nada ( con permiso de C. Laforet)

Ayer por la tarde después de trabajar había quedado con mi amiga P para tomar un café. El café fue breve y me pidió que la acompañara a hacer unas compras. No me apetecía demasiado pero ella insistió y allá fuimos.

Mi día había sido intenso, problemas con un cliente, sarcasmos de ida y vuelta con mr. espabilamorenaquetedejoatrás, y monedero roto, cosa poco importante cuando no da problemas pero cabreante cuando se te cae todo por el bolso.

Total, al ir de compras con P pensé en comprarme un monedero nuevo.

Entramos en una tienda de bolsos pija, P quería un bolso, dónde un monedero de retorno a la infancia con ositos de colores vale la décima parte de un sueldo mileurista. Me llamó la atención el que en la tienda hubiera dos hombres solos. Deambulaban mirando las estanterías llenas de piel grabada a fuego por conocidas marcas y fantasías glamourosas de difícil combinación y uso.

Uno de ellos tenía pinta de esposo con experencia que no giraba las etiquetas a los bolsos para ver el precio, había ido decidido hacia la sección dónde estaba una marca determinada y parecía tener claro lo que quería. Unos cincuenta años, bien conservado, atractivo y que parecía buscar un regalo para su santa esposa.

El otro en cambio, parecía el soldadito marinero hechizado por una sirena de las que se pirran por las carteras llenas, cómo diría fito y los fitis. Solo le faltaba resoplar cada vez que leía los precios de los bolsos. Era más joven, vaqueros, polo, también era atractivo y más natural en su manera de actuar.

La dependienta atendía al más mayor.

. Puedo ayudarle?
. Sí, quiero este bolso, para regalo por favor.

Una música clásica le avisó de un llamada.

. Si?
. Sí nena, a las ocho dónde siempre.
. No puedo hablar, luego te llamo...

P y yo intercambiamos una mirada de las que dicen vaya, vaya... Probablemente el bolso no era para la santa esposa, si la hubiera o hubiese.

El hombre joven sin embargo, tardaba en decidirse, quería acertar en la elección o mostrar algo más que un alarde de despilfarro económico; mientras seguía mirando la dependienta nos atendió.

Cuando salimos de la tienda pensé en como pueden engañar los juicios a primera vista, también pensé en que realmente todas llevamos una cotilla dentro y en que probablemente ninguna de mis elocubraciones sería real.

Seguimos caminando y mirando tiendas llegamos hasta una plaza dónde habíamos pensado parar a tomar un refresco. Eran las ocho y el lugar de siempre de la nena y el cincuentón, era aquel. Ella, unos veinticinco años más joven que él miraba el bolso con los ojos muy abiertos, reía entrecortadamente, él la miraba con cierto aire de condescendencia y... le dije a P, anda, vámonos a otro bar.

"I am a passenger..."

lunes, 24 de septiembre de 2007

Sultans of swing

El verano va terminando, pronto cumpliré un año más.

La vida se va sucediendo entre recuerdos de un hombre que hizo que supiera lo que es amar pero que no me amó lo suficiente y largos días de trabajo tras unas cortas aunque intensas vacaciones.

Los días laborables los paso entre los papeles que ocupan mi mesa por momentos, ideas que no siempre son realizables y un absurdo sentido de la competencia con mr. soyelmejorentodosinomepruebastutelopierdesmorena.

Competencia laboral, claro, en lo demás es cómo si hubiera hecho un voto de castidad no sólo con respecto a mr. caerástardeotemprano, si no con cualquier hombre que empieza a acercarse a mí.

Mis amigas, escasas amigas, me dan todo tipo de consejos variopintos que no pido. Por lo menos de momento, no me organizan citas a ciegas para que vuelva al mercado sentimental o cuando menos sexual. Pero en ese aspecto siento desidia, no se si se llama así exactamente pero quería poner esa palabra... desidia...
No tengo ganas de conocer a otra persona en profundidad, me da palo, pereza, me cansa sólo pensarlo y sí... ganas de una noche loca sí que tengo, claro, pero... no sé, cómo decía mi abuela: " lo que viene no conviene y lo que conviene no viene".

La desidia que me acompaña se instaló en mi desde antes del famoso viaje, viaje que quizá otro día contaré, y solo se diluye cuando trabajo, después vuelve a concentrarse a mi alrededor.

Supongo que es cuestión de tiempo, por lo menos ya he vuelto a escribir aquí, aunque sea un poquito...

Desde mi tejado, entre las sombras de la noche, fumando y escuchando Sultans of swing.