Mientras leía un artículo de Paperboat sobre el baile, me han venido a la memoria imágenes de cuando era niña y bailaba. Recuerdo la primera vez que me enfilé en unas zapatillas de punta, hacía de hada en el festival del colegio y me agarraba a la varita mágica cómo si de ella dependiera el poder caminar de esa guisa.
Me gustaba bailar. La dureza de los ensayos se veía compensada por los logros que se iban consiguiendo. Poder mantener una posición determinada sin que el dolor de algunos músculos te hiciera poner cara agria o saber hacer una diagonal avanzando y girando sobre tí misma sin desviarte ni un ápice del recorrido, eran los premios al esfuerzo casi diario del ensayo.
Crecía y el baile crecía conmigo. Cada vez era más esfuerzo, los bailes a representar más difíciles, se exigía aún mayor dedicación.
El ballet fue uno de los protagonistas de mi adolescencia, una época que no recuerdo de una manera especialmente traumática ni rebelde, quizás porque estaba acostumbrada a la disciplina que su práctica comportaba y también porque no tenía demasiado tiempo libre. Eso sí, el tiempo libre que tenía lo ocupaba J.M.
Recuerdo a J.M con ternura. Era pecoso y tenía los ojos verdes. Esto de los hombres con ojos verdes luego ha sido casi una constante en mi vida, tanto que ahora si conozco a alguien con los ojos de ese color no sé si echar a correr o ir a comprarme un conjunto nuevo de Risk.
J.M. me dió el primer beso. Beso, beso, vamos, beso con lengua, que decíamos entonces. Recuerdo perfectamente la sensación al terminar de besarnos, pensé: Ah! Era esto...
Ni que decir tiene que no fue el mejor beso, pero quizás por ser el primero lo recuerdo muy bien.
J.M. me venía a buscar al terminar los ensayos de ballet cada tarde puntualmente, y durante una hora, paséabamos cogidos de la mano por las calles cercanas a mi casa y nos besábamos ( con lengua) furtivamente en portales con recodo, concretamente en uno que llamábamos " el castillo". Cuando por alguna causa pasábamos unos días sin vernos, lo primero que nos decíamos al vernos de nuevo era: vamos al castillo?.
Qué tiempos aquellos de tutús y besos con lengua. Jo, me hago mayor...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
6 comentarios:
el tiempo pasará y a todos nos cambiará
pero ese olor a dedos vendados, madera caliente y manos fuertes no te lo quita nadie, verdad?
un beso
Yo también recuerdo mi adolescencia en clases de baile. Pero lo que yo hacía era baile moderno y claqué, nada de tutús, y lo cierto es que hecho de menos lo que sentía cuando bailaba... Qué tiempos!
Un abrazo
Yo no hace tanto que la dejé atrás y ya la hecho de menos como si hiciera decadas, recuerdo mi primer amor y lo tiernos que eran esos besos de quinceañero...Aunque lo de bailar nunca ha sido lo mío...Pero eso sí, el tutú me quedaba cojonudo :P jajaja
PD: Le has subido la autoestima a mis ojos!
como??? ya no besas con lengua?
beso
Actualizando:
. Santo Job: y la sensación de caminar encima de la resina para no resbalar... tantos recuerdos.
. Hell: te entiendo, son pocas las sensaciones comparables a la que se siente cuando se baila disfrutando de hacerlo.
. Poki: el tutú podías ponérselo a tu mono en esas maravillosas ilustraciones tuyas.
. Jordi: ahora prefiero poner mi boca a dos centímetros de la suya, para que sienta mi aliento mientras me froto contra él, ahora la lengua tarda más en llegar a cualquier destino...
Creo que del primer beso nos acordamos sin excpeción.
Yo también tenía unos zapatos de bailarina eran negros y me mataban los juanetes!!! :P
Besotes.
Publicar un comentario