Igual que existen lugares que te hacen sentir bien, la vida también regala complementos que se instalan en nuestra memoria para que al recordarlos nos invada una grata sensación.
El aroma de café recién hecho me hace sentir bien y es una paradoja porque no me gusta el café, no me gusta su sabor amargo y sin embargo su aroma despierta en mí una sensación de bienestar.
También me sucede con el olor a hierba recién cortada, me da la impresión de que el aire es más puro si esa fragancia viene con él.
Sentir todo eso son pequeños regalos inesperados que, cómo todos los regalos, se valoran de una forma totalmente subjetiva, pero para mí son valiosos.
Aunque los mejores regalos vienen de la mano de las personas y no son regalos materiales.
El recuerdo de un gesto de alguien a quién amaste. El recuerdo de una palabra en un momento de complicidad, de una sonrisa de aliento, de un apoyo inesperado, de una mirada entre mucha gente, de un hola o de un adios...
Son pequeñas flores de estercolero. Son guiños divinos, la esencia de pequeñas felicidades...

5 comentarios:
Esas pequeñas-grandes cosas son las que hacen que la vida valga la pena, no podríamos aguantar ciertos tragos amargos si no pudiéramos disfrutar de los pequeños placeres de la vida.
Un beso
Sabes que a mí me pasa exactamente igual con el café??
También me encanta el olor que desprende cuando lo haces y tampoco me gusta su sabor.
Y a mí que me tachaban de bicho raro...
Besotes.
He estado leyendo tu otro blog, una historia preciosa y muy bien contada.
No me permite dejarte comentarios así que lo hago desde aquí.
Besotes.
Queria agradecerte tus visitas y comentarios. Tienes un nuevo lector.
Saludos
Nunca me habia parado en epnsar en esas cosas jejeje, pero está bien, que la naturaleza es muy bonita
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