Lunes 7.05.07
Reunión a las 10.00 h.
Mr. Granprofesional con su aire distante y algo sobradillo propone que, ante la posible apertura de una delegación de la empresa, su departamento y el mío deberían trabajar de forma " estrecha" y conjunta e incluso desplazarnos para estudiar de forma eficaz ( bonito palabro que genera esa falsa seguridad que tanto se busca) la viabilidad del proyecto.
Ante la inmediata aceptación por parte de la dirección de su propuesta, está claro que ya lo habían estudiado y comentado con anterioridad y, por supuesto, sin contar conmigo para nada, cosa que me cabrea bastante. Si a ese hecho se le añade, que Mr. Soymásbuenoquenadie expuso su discurso lanzando miradas a mis tetas del orden de mirada sostenida cada dos minutos, el cabreo iba aumentando por momentos. Si , considerando el poco tiempo que lleva trabajando en la empresa y la cantidad de veces que nos hemos encontrado "casualmente" en la zona de descanso y los conatos de iniciar conversaciones ajenas al trabajo, el mosqueo sobre la posibilidad de tener que viajar a otro país con el Sr. Melovoyamontarperotucaesfijo pues era ya enorme.
Durante la tarde, pensé en cómo argumentar que no creía necesario tener que desplazarme, hice un listado de proyectos en marcha actualmente que dependían de mí y otro listado de cualidades profesionales de mis colaboradores motivando las razones por las que creía que deberían ir.
Martes 8.05.07
Despacho de un mandamás. 10.00h.
He ido monísima y discretísima a exponer las razones que me hacían pensar que había otras personas igual de idóneas para ese viaje y hacer entender la necesidad de que yo permaneciera aquí para continuar con los proyectos empezados.
Respuesta:
- no, vas tú Chance. Me da seguridad que la evaluación de la conveniencia de abrir delegación nueva sea conjunta por parte de Mr. Soyelmásmejor y tú.
-Pero, es que...
- Está decidido Chance.
- Desde antes de la reunión, no?
- Es un profesional muy competente, cómo tú. Estoy seguro que haréis un buen trabajo.
Así que, tócate las narices María Manuela, me tengo que ir de viaje con Mr. TeVoyaDesgastarLasTetasDeTantoMirarlas, vamos, no quepo en mí de gozo...
martes, 8 de mayo de 2007
jueves, 3 de mayo de 2007
Desierto
- No te esperaba.
- Lo sé.
El silencio se instaló entre nosotros por varios eternos segundos.
- Llego mañana, estaré dos días ahí. Me gustaría verte.
- No sé si es el mejor momento para eso.
- Necesitamos hablar cara a cara. Mi vuelo llega las 10.20 h y me alojaré en el hotel de siempre.
No fuí al aeropuerto. Tras varios años de recogidas y besos apasionados ante la terminal, no estaba allí cuando llegó.
Desde las 10.00h no hacía más que mirar el reloj. Le vería pero no quería que fuera igual que siempre, no quería tener recuerdos de espera de aterrizaje con ánimo distinto al de los recuerdos que tengo de él.
Sabía que si le veía haríamos el amor, supongo que era inevitable, la atracción sexual era mucha todavía aunque los sentimientos estuvieran cambiando.
Llegué a la cafetería más tarde de lo acordado. Su mirada sonrió aunque en su rostro sólo se reflejó una breve mueca.
- Pensé que ya no venías.
- El tráfico, ya sabes...
- Claro.
Delante de un par de cafés, miraba a aquel hombre atractivo al que tanto había querido. Le oía desgranar la última parte de nuestra historia. Le escuchaba hablar sobre decisiones dónde la responsabilidad pesaba más que las emociones, me daba explicaciones que nunca le había pedido.
Le dejé hablar.
- Estoy seguro de que sabes comprenderme.
- Por supuesto, pero no entiendo muy bien a que viene todo esto, yo nunca te he pedido nada.
- Llegó un momento en que la situación se hacía insostenible para mí, amándote y conviviendo con una mujer que no eres tú, era yo quién me exigía decisiones, quién se sentía roto por dentro entre una vida que debo llevar y la posibilidad de una vida que me gustaría tener. Seguir cómo hasta entonces se me hacía imposible, me sentía ruín.
- Bien, pues ahora ya puedes estar tranquilo, si lo único que querías era decirme en persona todo lo que ya habíamos hablado, ya lo has hecho, te entiendo perfectamente y te deseo lo mejor.
Me levanté para irme y me cogió del brazo. Sus ojos estaban húmedos pero no hacía que flaquearan sus decisiones, o por lo menos no del todo.
- Chance, no quiero perderte.
- Entonces qué quieres D ?
- Sé que soy un egoísta pero te quiero y lo que me haría feliz es que aún sabiendo que nunca tendremos un futuro juntos, permanecieras a mi lado cómo hasta ahora, en la distancia y viéndonos cuando me sea posible, aunque esté difícil. Renuncio a tí por la responsabilidad hacia mi familia, por no hacer más daño del imprescindible, pero me resisto a que sea una renuncia absoluta, mi egoísmo y mi amor por tí me pueden.
Yo permanecía callada, intentando asimilar lo que me transmitia. Intentando ponerme en su lugar para entender el por qué de todo aquello, de su decisión inicial de dejar cinco años de relación clandestina, de su actual viaje para hablarme de lo que realmente quería.
- Dime, qué piensas?
- No sé D, ahora mismo no sé que decirte.
- Háblame, pregúntame, acepta o deniega, pero dime algo.
- No, ahora no sé que decir, no sé siquiera qué pensar. Ya hablaremos D, buen viaje de regreso.
- No te vayas así, habla conmigo por favor.
- Adiós D.
Me fuí de allí pensando en que no habíamos hecho el amor. Oí cómo me llamaba desde la puerta de la cafetería, pero no me giré siquiera. Caminaba por la calle hacia mi coche, sin ver a la gente que pasaba por mi lado, sin pensar en la breve charla mantenida después de mucho tiempo sin vernos.
No respondí al teléfono, a sus llamadas. Se fue antesdeayer, sigo sin saber qué pensar, qué hacer, sigo sin reaccionar. Sigue llamando, sigo sin hablar con él...
- Lo sé.
El silencio se instaló entre nosotros por varios eternos segundos.
- Llego mañana, estaré dos días ahí. Me gustaría verte.
- No sé si es el mejor momento para eso.
- Necesitamos hablar cara a cara. Mi vuelo llega las 10.20 h y me alojaré en el hotel de siempre.
No fuí al aeropuerto. Tras varios años de recogidas y besos apasionados ante la terminal, no estaba allí cuando llegó.
Desde las 10.00h no hacía más que mirar el reloj. Le vería pero no quería que fuera igual que siempre, no quería tener recuerdos de espera de aterrizaje con ánimo distinto al de los recuerdos que tengo de él.
Sabía que si le veía haríamos el amor, supongo que era inevitable, la atracción sexual era mucha todavía aunque los sentimientos estuvieran cambiando.
Llegué a la cafetería más tarde de lo acordado. Su mirada sonrió aunque en su rostro sólo se reflejó una breve mueca.
- Pensé que ya no venías.
- El tráfico, ya sabes...
- Claro.
Delante de un par de cafés, miraba a aquel hombre atractivo al que tanto había querido. Le oía desgranar la última parte de nuestra historia. Le escuchaba hablar sobre decisiones dónde la responsabilidad pesaba más que las emociones, me daba explicaciones que nunca le había pedido.
Le dejé hablar.
- Estoy seguro de que sabes comprenderme.
- Por supuesto, pero no entiendo muy bien a que viene todo esto, yo nunca te he pedido nada.
- Llegó un momento en que la situación se hacía insostenible para mí, amándote y conviviendo con una mujer que no eres tú, era yo quién me exigía decisiones, quién se sentía roto por dentro entre una vida que debo llevar y la posibilidad de una vida que me gustaría tener. Seguir cómo hasta entonces se me hacía imposible, me sentía ruín.
- Bien, pues ahora ya puedes estar tranquilo, si lo único que querías era decirme en persona todo lo que ya habíamos hablado, ya lo has hecho, te entiendo perfectamente y te deseo lo mejor.
Me levanté para irme y me cogió del brazo. Sus ojos estaban húmedos pero no hacía que flaquearan sus decisiones, o por lo menos no del todo.
- Chance, no quiero perderte.
- Entonces qué quieres D ?
- Sé que soy un egoísta pero te quiero y lo que me haría feliz es que aún sabiendo que nunca tendremos un futuro juntos, permanecieras a mi lado cómo hasta ahora, en la distancia y viéndonos cuando me sea posible, aunque esté difícil. Renuncio a tí por la responsabilidad hacia mi familia, por no hacer más daño del imprescindible, pero me resisto a que sea una renuncia absoluta, mi egoísmo y mi amor por tí me pueden.
Yo permanecía callada, intentando asimilar lo que me transmitia. Intentando ponerme en su lugar para entender el por qué de todo aquello, de su decisión inicial de dejar cinco años de relación clandestina, de su actual viaje para hablarme de lo que realmente quería.
- Dime, qué piensas?
- No sé D, ahora mismo no sé que decirte.
- Háblame, pregúntame, acepta o deniega, pero dime algo.
- No, ahora no sé que decir, no sé siquiera qué pensar. Ya hablaremos D, buen viaje de regreso.
- No te vayas así, habla conmigo por favor.
- Adiós D.
Me fuí de allí pensando en que no habíamos hecho el amor. Oí cómo me llamaba desde la puerta de la cafetería, pero no me giré siquiera. Caminaba por la calle hacia mi coche, sin ver a la gente que pasaba por mi lado, sin pensar en la breve charla mantenida después de mucho tiempo sin vernos.
No respondí al teléfono, a sus llamadas. Se fue antesdeayer, sigo sin saber qué pensar, qué hacer, sigo sin reaccionar. Sigue llamando, sigo sin hablar con él...
miércoles, 25 de abril de 2007
Desayuno con una 90
En la reunión de esta mañana han presentado a un nuevo compañero de trabajo. Venía precedido por la fama de ser un gran profesional, duro e implacable pero brillante.
No supone ninguna amenaza para mí, yo también soy buena y nuestros ámbitos de trabajo son distintos aunque complementarios, pero sí podría serlo para algunas y algunos de mis compañeros actuales.
Bien, en la reunión de presentación, dónde además se han renombrado diferentes cargos, el gran profesional duro no dejaba de mirarme las tetas. No os podéis imaginar lo incómodo que es eso. No sé si estaba nervioso y decidió fijar la vista en un punto para concentrarse y me " tocó la china", o mi top era demasiado ajustado, pero así ha sido durante la hora larga que ha durado la citada reunión.
Debo decir que no tengo una talla exagerada de pecho, vamos que son muy normalitas, y que en esa sala había féminas mejor dotadas al respecto que yo. Tampoco voy vestida enviando el mensaje: " mírame que estoy muy buena", no sé, soy mujer y soy coqueta, me gusta sentirme bien conmigo misma y con mi imagen, pero vamos no voy a trabajar con la mínima expresión de falda y un escote hasta el ombligo.
De la fijación visual del gran profesional se ha dado cuenta " tó quisqui", así que luego el cachondeíto ha sido importante y francamente, aunque me he reido, no me hacía demasiada gracia.
Esperemos que haya sido una cosa puntual, aunque después se haya hecho el encontradizo en un par de ocasiones.
Menuda mañana llevo.
No supone ninguna amenaza para mí, yo también soy buena y nuestros ámbitos de trabajo son distintos aunque complementarios, pero sí podría serlo para algunas y algunos de mis compañeros actuales.
Bien, en la reunión de presentación, dónde además se han renombrado diferentes cargos, el gran profesional duro no dejaba de mirarme las tetas. No os podéis imaginar lo incómodo que es eso. No sé si estaba nervioso y decidió fijar la vista en un punto para concentrarse y me " tocó la china", o mi top era demasiado ajustado, pero así ha sido durante la hora larga que ha durado la citada reunión.
Debo decir que no tengo una talla exagerada de pecho, vamos que son muy normalitas, y que en esa sala había féminas mejor dotadas al respecto que yo. Tampoco voy vestida enviando el mensaje: " mírame que estoy muy buena", no sé, soy mujer y soy coqueta, me gusta sentirme bien conmigo misma y con mi imagen, pero vamos no voy a trabajar con la mínima expresión de falda y un escote hasta el ombligo.
De la fijación visual del gran profesional se ha dado cuenta " tó quisqui", así que luego el cachondeíto ha sido importante y francamente, aunque me he reido, no me hacía demasiada gracia.
Esperemos que haya sido una cosa puntual, aunque después se haya hecho el encontradizo en un par de ocasiones.
Menuda mañana llevo.
lunes, 23 de abril de 2007
Dónde estás Rhett Butler ?
A mí me gusta que me llamen nena y tengo dos licenciaturas.
Especifico el nivel académico por si me lee alguna persona que atribuya eso a la falta de independencia económica o de recursos sociales y de cualquier otro tipo, ya que no es la primera vez que me ha pasado.
Me gusta que me abran la puerta del restaurante y me dejen pasar delante, qué se preocupen por si tengo frio o frunzan el ceño si ven que otro hombre me mira. No sé si eso es inmaduro y poco actual, pero es así.
Me gusta que el hombre asuma el rol tradicional. Me gusta que se muestre seguro de sí mismo y que vaya en pos de lo que quiera conseguir, sea yo o sea un puesto de director general de la empresa de turno.
Me "pone" la decisión, la ambición, el desparpajo. Me atraen los buscavidas, los selfmade man, los hombres con iniciativa propia.
Que, por qué escribo éste artículo? Pues por el título, obviamente...
Especifico el nivel académico por si me lee alguna persona que atribuya eso a la falta de independencia económica o de recursos sociales y de cualquier otro tipo, ya que no es la primera vez que me ha pasado.
Me gusta que me abran la puerta del restaurante y me dejen pasar delante, qué se preocupen por si tengo frio o frunzan el ceño si ven que otro hombre me mira. No sé si eso es inmaduro y poco actual, pero es así.
Me gusta que el hombre asuma el rol tradicional. Me gusta que se muestre seguro de sí mismo y que vaya en pos de lo que quiera conseguir, sea yo o sea un puesto de director general de la empresa de turno.
Me "pone" la decisión, la ambición, el desparpajo. Me atraen los buscavidas, los selfmade man, los hombres con iniciativa propia.
Que, por qué escribo éste artículo? Pues por el título, obviamente...
miércoles, 18 de abril de 2007
Tic-Tac
Tengo un reloj que cambia las horas cuando quiere. Está colgado en la cocina y ya estoy acostumbrada a él. No es que adelante o atrase sino que las manecillas cambian a placer. Puede estar funcionando " bien " dos horas o tres, y de repente de ser las 14.20 pasa a reflejar que son las 08.50, y se queda tan ancho.
Menuda bobada, claro, si llorara sería un poltergeist, que pensándolo bien tendría su encanto, primero porque nunca he visto ninguno y segundo porque le daría una alegría a una de mis vecinas verificando lo que siempre me dice: hija, en éste edificio pasan cosas muy raras...
No sé si mi vecina está traumatizada desde la emisión por la caja tonta de La comunidad, o bien se dopa con capítulos y capítulos de Aquí no hay quién viva, y a falta de grandes escándalos en nuestro minimundo vecinal pues advierte de cosas extrañas que, obviamente, nadie vemos, pero que ella aventura "porsiaca".
Y es que cada uno ve lo que quiere ver y en su defecto se lo imagina o se lo inventa. Quizá un día le hable de mi misterioso reloj y de que no me atrevo a repararlo porque soñé que los espíritus guardianes de la azotea se regían por su tiempo y en otra vida fue un reloj de fichar, pero temo arriesgar mi reputación de mujer cabal y responsable, y si encima se entera que tengo un blog y que me gusta asomarme a los tejados de la vida, ni te cuento.
" Georgia on my mind..."
Menuda bobada, claro, si llorara sería un poltergeist, que pensándolo bien tendría su encanto, primero porque nunca he visto ninguno y segundo porque le daría una alegría a una de mis vecinas verificando lo que siempre me dice: hija, en éste edificio pasan cosas muy raras...
No sé si mi vecina está traumatizada desde la emisión por la caja tonta de La comunidad, o bien se dopa con capítulos y capítulos de Aquí no hay quién viva, y a falta de grandes escándalos en nuestro minimundo vecinal pues advierte de cosas extrañas que, obviamente, nadie vemos, pero que ella aventura "porsiaca".
Y es que cada uno ve lo que quiere ver y en su defecto se lo imagina o se lo inventa. Quizá un día le hable de mi misterioso reloj y de que no me atrevo a repararlo porque soñé que los espíritus guardianes de la azotea se regían por su tiempo y en otra vida fue un reloj de fichar, pero temo arriesgar mi reputación de mujer cabal y responsable, y si encima se entera que tengo un blog y que me gusta asomarme a los tejados de la vida, ni te cuento.
" Georgia on my mind..."
domingo, 15 de abril de 2007
De tutús y besos con lengua.
Mientras leía un artículo de Paperboat sobre el baile, me han venido a la memoria imágenes de cuando era niña y bailaba. Recuerdo la primera vez que me enfilé en unas zapatillas de punta, hacía de hada en el festival del colegio y me agarraba a la varita mágica cómo si de ella dependiera el poder caminar de esa guisa.
Me gustaba bailar. La dureza de los ensayos se veía compensada por los logros que se iban consiguiendo. Poder mantener una posición determinada sin que el dolor de algunos músculos te hiciera poner cara agria o saber hacer una diagonal avanzando y girando sobre tí misma sin desviarte ni un ápice del recorrido, eran los premios al esfuerzo casi diario del ensayo.
Crecía y el baile crecía conmigo. Cada vez era más esfuerzo, los bailes a representar más difíciles, se exigía aún mayor dedicación.
El ballet fue uno de los protagonistas de mi adolescencia, una época que no recuerdo de una manera especialmente traumática ni rebelde, quizás porque estaba acostumbrada a la disciplina que su práctica comportaba y también porque no tenía demasiado tiempo libre. Eso sí, el tiempo libre que tenía lo ocupaba J.M.
Recuerdo a J.M con ternura. Era pecoso y tenía los ojos verdes. Esto de los hombres con ojos verdes luego ha sido casi una constante en mi vida, tanto que ahora si conozco a alguien con los ojos de ese color no sé si echar a correr o ir a comprarme un conjunto nuevo de Risk.
J.M. me dió el primer beso. Beso, beso, vamos, beso con lengua, que decíamos entonces. Recuerdo perfectamente la sensación al terminar de besarnos, pensé: Ah! Era esto...
Ni que decir tiene que no fue el mejor beso, pero quizás por ser el primero lo recuerdo muy bien.
J.M. me venía a buscar al terminar los ensayos de ballet cada tarde puntualmente, y durante una hora, paséabamos cogidos de la mano por las calles cercanas a mi casa y nos besábamos ( con lengua) furtivamente en portales con recodo, concretamente en uno que llamábamos " el castillo". Cuando por alguna causa pasábamos unos días sin vernos, lo primero que nos decíamos al vernos de nuevo era: vamos al castillo?.
Qué tiempos aquellos de tutús y besos con lengua. Jo, me hago mayor...
Me gustaba bailar. La dureza de los ensayos se veía compensada por los logros que se iban consiguiendo. Poder mantener una posición determinada sin que el dolor de algunos músculos te hiciera poner cara agria o saber hacer una diagonal avanzando y girando sobre tí misma sin desviarte ni un ápice del recorrido, eran los premios al esfuerzo casi diario del ensayo.
Crecía y el baile crecía conmigo. Cada vez era más esfuerzo, los bailes a representar más difíciles, se exigía aún mayor dedicación.
El ballet fue uno de los protagonistas de mi adolescencia, una época que no recuerdo de una manera especialmente traumática ni rebelde, quizás porque estaba acostumbrada a la disciplina que su práctica comportaba y también porque no tenía demasiado tiempo libre. Eso sí, el tiempo libre que tenía lo ocupaba J.M.
Recuerdo a J.M con ternura. Era pecoso y tenía los ojos verdes. Esto de los hombres con ojos verdes luego ha sido casi una constante en mi vida, tanto que ahora si conozco a alguien con los ojos de ese color no sé si echar a correr o ir a comprarme un conjunto nuevo de Risk.
J.M. me dió el primer beso. Beso, beso, vamos, beso con lengua, que decíamos entonces. Recuerdo perfectamente la sensación al terminar de besarnos, pensé: Ah! Era esto...
Ni que decir tiene que no fue el mejor beso, pero quizás por ser el primero lo recuerdo muy bien.
J.M. me venía a buscar al terminar los ensayos de ballet cada tarde puntualmente, y durante una hora, paséabamos cogidos de la mano por las calles cercanas a mi casa y nos besábamos ( con lengua) furtivamente en portales con recodo, concretamente en uno que llamábamos " el castillo". Cuando por alguna causa pasábamos unos días sin vernos, lo primero que nos decíamos al vernos de nuevo era: vamos al castillo?.
Qué tiempos aquellos de tutús y besos con lengua. Jo, me hago mayor...
viernes, 13 de abril de 2007
El azar jugando su papel...
Ringggg
- Si?
- Tengo que verte.
- Ha pasado algo? Pensé que aún estabas en París.
- Sobre París tengo que hablarte, me ha sucedido algo increíble.
- Mujer, dame una pista.
- Cenamos esta noche?
- Veré lo que puedo hacer, luego te llamo.
Ringggg
- Si?
- He podido arreglarlo, dónde y cuando?
- Ahora pido hora en un restaurante del Borne, a las 21.30?
- Vale.
- Luego te mando un mensaje con nombre y dirección del restaurante.
21.30 horas.
- Hola, uf, qué mala cara tienes.
- Anda, vamos dentro.
- Un camembert caliente, que ya estamos en abril.
- Otro para mí.
- Bueno, cuéntame... qué es lo que te tiene así?
- Sabes que antes de ir yo a París fue mi marido y estuvo allí dos semanas, no?
- Sí, por lo de la informática y eso, no?
- Sí. Verás, la empresa nos alojó en el mismo hotel. Uno de los días, temprano, pedí que me llamaran un taxi, el taxista al darle la dirección a la que iba, me comentó que curiosamente a esas mismas horas, hacía pocos días había llevado a un español y a una mujer a esa misma dirección.
- No pienses mal, será casualidad...
- Le pregunté si la mujer era francesa o española y me dijo que era francesa, también le pregunté cómo era el hombre español, y... era él, chance, mi marido.
- Se lo has dicho?
- Sí. Primero lo negó pero terminó reconociéndolo.
- Y tu, cómo estás?
- Decepcionada y deseando vengarme.
- Pero tu, le quieres y él a tí, podréis solucionarlo, seguro, es sólo cuestión de tiempo...
- No sé, Chance, no sé si volveré a confiar en él nunca más...
- Le preguntaste por qué lo hizo? Si está enamorado o sólo fue una aventura?
- No, no está enamorado, según él, pero dice que yo soy poco cariñosa, qué no se siente querido.
Qué quiere seguir conmigo, que me quiere, que ha sido un error.
- Quizás sea el momento de corregir errores por parte de ambos.
- Quizás.
..........
- Si?
- Tengo que verte.
- Ha pasado algo? Pensé que aún estabas en París.
- Sobre París tengo que hablarte, me ha sucedido algo increíble.
- Mujer, dame una pista.
- Cenamos esta noche?
- Veré lo que puedo hacer, luego te llamo.
Ringggg
- Si?
- He podido arreglarlo, dónde y cuando?
- Ahora pido hora en un restaurante del Borne, a las 21.30?
- Vale.
- Luego te mando un mensaje con nombre y dirección del restaurante.
21.30 horas.
- Hola, uf, qué mala cara tienes.
- Anda, vamos dentro.
- Un camembert caliente, que ya estamos en abril.
- Otro para mí.
- Bueno, cuéntame... qué es lo que te tiene así?
- Sabes que antes de ir yo a París fue mi marido y estuvo allí dos semanas, no?
- Sí, por lo de la informática y eso, no?
- Sí. Verás, la empresa nos alojó en el mismo hotel. Uno de los días, temprano, pedí que me llamaran un taxi, el taxista al darle la dirección a la que iba, me comentó que curiosamente a esas mismas horas, hacía pocos días había llevado a un español y a una mujer a esa misma dirección.
- No pienses mal, será casualidad...
- Le pregunté si la mujer era francesa o española y me dijo que era francesa, también le pregunté cómo era el hombre español, y... era él, chance, mi marido.
- Se lo has dicho?
- Sí. Primero lo negó pero terminó reconociéndolo.
- Y tu, cómo estás?
- Decepcionada y deseando vengarme.
- Pero tu, le quieres y él a tí, podréis solucionarlo, seguro, es sólo cuestión de tiempo...
- No sé, Chance, no sé si volveré a confiar en él nunca más...
- Le preguntaste por qué lo hizo? Si está enamorado o sólo fue una aventura?
- No, no está enamorado, según él, pero dice que yo soy poco cariñosa, qué no se siente querido.
Qué quiere seguir conmigo, que me quiere, que ha sido un error.
- Quizás sea el momento de corregir errores por parte de ambos.
- Quizás.
..........
Suscribirse a:
Entradas (Atom)